La próxima pandemia

La sirena sonó como si los japoneses estuvieran atacando Pearl Harbour de nuevo, pero lo que anunciaban era de que estaba a punto de llegar otra pandemia.

Estábamos en 2039 y ya hacía años que veníamos recibiendo señales inequívocas de que algo iba a pasar de nuevo.

Y es que, por culpa del calentamiento globlal del Planeta, mosquitos antes inofensivos ahora eran capaces de transmitir la malaria y el dengue.

Y no solo en los países del sur de Europa, cuando años atrás solo afectaban a zonas con clima tropical, sino que estas nuevas plagas se habían trasladado a Holanda, después de atravesar Francia, Alemania y Bélgica.

Pero esta alarma en forma de sirena para alertar a la población no era por estas dos infecciones antes emergentes, sino por otro virus detectado nuevamente en China y también en India.

Nuevo virus

Se trataba del SARS 666 miserere, un nuevo patógeno letal, pero con unas características distintas a todo lo conocido.

Después de la experiencia de la covid-19 de 2020, todos los países habían decidido hacer acopio de guantes, mascarillas, batas y gel hidroalcohólico para que no se repitiera lo ocurrido entonces.

Asimismo, se había acordado a empresas, restaurantes y locales de ocio, en general, a crear compartimentos estancos e incomunicados en sus locales o edificios.

Por supuesto, nadie se daba la mano, ni besos ni abrazos desde hacía casi dos décadas, así que las relaciones humanas habían cambiado.

El moreno protector

Los datos que los científicos tenían del nuevo virus es que no te dejaba comer y te mataba de hambre.

Por eso resultaba que los habitantes de Africa, y otras zonas pobres del mundo, estaban inmunizados.

Pero, además de eso, nuevos hallazgos aportaban algo insólito: que tener la piel negra o morena protegía contra el nuevo virus.

Así es que mi vecina Pepi y yo mismo estamos todo el día tomando el sol en la terraza como si fueramos lagartos o el recordado padre de Julio Iglesias.

Es decir, que 19 años después seguimos instalados en contínuos estados de alerta y nos hemos acostumbrado a vivir en pánico.

Vamos, igual que las cebras en la Sabana, que soportan el estrés sin inmutarse porque hasta cuando comen deben estar en alerta para que nos les ataque una leona o un leopardo.

También, no vamos a negarlo, tenemos la piel como un pergamino y se ha establecido un mercado negro (nunca mejor dicho) de protectores solares, after sun y máquinas de rayos UVA de aquí te espero.

Mercado negro de UVA

Así que los países del norte de Europa están como locos intentando comprar máquinas rápidas de rayos UVA, pero como sucedió con los test en 2020, la mayoría de ellos no te pone moreno, sino que te frie como si fueras una croqueta.

Por esta razón, las suecas, las holandesas, las danesas y las alemanas han vuelto a Marbella a buscar a su gitazano preferido.

Buscan, no sé si por devoción u obligación, que un morenazo español les insemine para asegurarse tener hijos con piel, al menos, color café con leche, y asegurarse así la supervivencia de sus naciones.

Es decir, que ahora los mismos que nos dieron de lado durante la pandemia de la Covid-19, nos necesitan para solucionar la del SARS miserere.

El efecto inmediato es que paises como España e Italia baten cada semana su récord de turistas y los africanos ya no quienen venir en pateras a Europa.

Récord de turistas

Así que los hoteles están abarrrotados como las UCis en 2020, y el ejército está creando hoteles de campaña para atender a tanto turismo en busca de sol.

¡No va a ser fácil!, decían esta vez en las teles alemanas, holandesas, escandinavas…a su población. Nada va a serlo. Refiriéndose a la pandemia miserere 666 y a sus consecuencias económicas.

Yo solo sé que España se ha visto obligada a cerrar sus fronteras y a poner controles de moreno en puertos y aeropuertos para impedir que la gente con piel muy lechosa se cuele.

De hecho, el otro día detuvieron a varios holandeses que se habían embadurnado con betún para parecer lumbumbas.

También sé que el tío Paloma, que sigue conservando su chiringuito en su barraca de El Saler, y sus camareros, son androides, aunque tienen la misma malaleche que su copia humana.

Y que el Guaquín, también replicante como los de Blade Runner, triplica turnos vendiendo sus pescaitos con pimientos rojo y su dorada a la sal en la Carihuela deTorremolinos.

¿Que, por qué sé que son androides? Porque les fuimos a pedir unas aceitunas de aperitivo y nos mandaron a freir chips, pero no de patata, sino de circuitos integrados.

Es lo que tiene la vida: hoy estás arriba y mañana abajo. Y hemos tenido que aprender a convivir no sólo con microorganismo patógenos sino con robots.

Eso sí, por fin, y gracias al SARS miserere el PIB en España está más limpio de deuda que una patena.

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