La hora del planeta

La hora del Planeta es el mayor movimiento mundial contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Impulsado por WWF (World Wildlife Fund o Fondo Mundial para la Naturaleza) se trata de una acción simbólica anual, parecida a la de aplaudir a las 8, que consiste en apagar las luces de hogares, negocios, edificios y monumentos durante una hora.

La última cita se celebró el pasado 28 de marzo, pero pasó desapercibida para la mayoría, tal vez porque no había negocios ni monumentos que apagar, ya que está todo el mundo encerrado en su casa.

Y es que este virus, por sacarle algo bueno, parece que se hubiera puesto en contacto con la Torre de Control Climática del Planeta o hubiera propiciado la elaboraciòn de una Constitución para la Tierra , como reclamaba hace poco el filosofo Luigi Ferrajoli, para poner en su sitio el equilibrio bioclimático.

El primo de Rajoy

Así que ha quedado claro que por mucho que se empeñara el primo de Rajoy, que allá por 2015 negaba que existiera el cambio climático, la realidad es tozuda y escribe con los renglones torcidos de Dios.

Pero vamos, que solo había que haber seguido la famosa frase de Aznar – ¡Mire usté!- para observar a Rajoy (al cuál respeto) y ver, que en esa época, llevaba la barba de un color, las patillas de otro y el pelo de un tono distinto, sin duda como consecuencia del cambio climático. Era eso o que se les había ido la mano con el Farmatint.

Sea como fuere y sea quien sea quien haya mandado esta plaga urdida en China, hemos conseguido reducir la contaminación mundial en un 50% y muchos habitantes de lugares como Bangkok, Beijing o Nueva Delhi han descubierto que el cielo -oh my God- es azul.

Recuperar el azul turquesa

Además de eso, hay montones de playas, mares y océanos, como el de la costa filipina, donde ya se ven las aguas turquesas, como siempre fueron.

Es más, ayer salió una noticia que varios barcos guardacostas habían visto a grupos de peces -ellos si tienen permiso para reunirse- haciendo botellón. No os digo mas.

Y es que la naturaleza da saltos de alegría y sus aplausos -esta vez dirigidos al coronavirus- se escuchan cada noche desde el balcón de cualquier casa.

El Planeta sabe que sus enemigos están en sus hogares y no pueden hacerles daño tirando plástico al mar, vertiendo su mercurio al agua, manchando su cielo con dioxido de nitrógeno o quemando cualquier monte.

La Tierra lo agradece

El virus nos ha confinado y la Tierra lo agradece.

Ojalá que sea verdad (que yo no lo creo) que cuando pase esto, la sociedad cambie -para bien- y asumamos que si seguimos contaminando como hasta ahora, si no lo hace otra pandemia futura, lo que acabará con nosotros será la Naturaleza.

Y lo hará en forma de terribles fenómenos climáticos, calentamiento global, subida del nivel del mar, desplazamientos de vectores e infecciones transmitidas por mosquitos del sur al norte…y quién sabe de cuantas formas mas.

Aprendamos

Así que aprendamos algo nuevo y que no se nos olvide nunca que todo está relacionado y que cuando aletea una mariposa en Chiang Mai, se produce un huracán en Miami.

Aprendamos que todo está conectado y que si vemos a los elefantes de la Sabana, los monos de Vietnam o los lemures de Madagascar haciendo afterwork con Hidroalcohol es que algo malo va a pasar.

Por el momento, no hace falta irse a la montaña para respirar aire puro, lo malo es que no podemos salir de casa y nos estamos ahogando como los peces en un mar lleno de plástico.

Ayer hablé con mi amigo Jose que tiene un acuario en su casa y me dijo que todas las noches, cuando apaga las luces del salón para irse a dormir, los peces se ponen en formación y la hacen una pedorreta.

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