La Cabrera: el silencio a 60 kilometros de Madrid

La Cabrera es un pueblo de la sierra norte madrileña que tiene muchos alicientes.

Entre ellos, interesantes rutas que recorrer… y el silencio de su convento.

De ella salen distintos caminos que circundan el macizo montañoso que da nombre al pueblo y que forma un paraje agreste que va desde los 1.190 m  hasta Cacho Gordo, un islote montañoso cuyo punto más alto es de 1.564 m.

De manera que, como se ve, son cotas bajas, lo que implica que sus rutas tengan una dificultad asequible a cualquiera.

Además, la sierra está orientada al sur, lo que hace que, aunque fría, si el día sale soleado, se pueda disfrutar de una caminata tan divertida como queramos.

Respirar

Es llegar y respirar.

Hay que abrir los pulmones y buscar entre sus caprichosas rocas graníticas, formadas hace más de 500 millones de años, los olores del tomillo y el romero, y luego entablar ese necesario diálogo con la naturaleza para sentirte parte de ella.

La excursión es estupenda para quienes viven cerca de Madrid, y además guarda una sorpresa envuelta en silencio y meditación.

El Convento

Nos referimos al Convento de San Antonio, un edificio que podría ser del siglo XI, pero que tiene una historia singular.

Tradicionalmente, se sostiene que fue promovido por el rey Alfonso VI (1040-1109), durante la campaña militar desplegada por la Corona de Castilla para la conquista de Toledo que estaba en manos de los árabes.

Pero esto es tan incierto como que fuera de construcción románico-visigótica, ya que en los alrededores existen restos arqueológicos de origen visigodo.

Sea como fuere, parece que fue la orden Benedictina quien se estableció allí y a mediados del siglo XV pasó a manos de los franciscanos.

El lugar fue abandonado por estos durante la invasión napoleónica y ya en 1812 pudieron reinstalarse, permaneciendo hasta 1835, cuando fueron exclaustrados como consecuencia de la desamortización de Mendizábal.

Jiménez Díaz

Posteriormente, el recinto fue comprado por los descendientes de Goya.

Y lo que muy pocos saben, es que ya en el siglo XX, el médico Carlos Jiménez Díaz (1898-1967) fue quien se hizo con la propiedad y procedió a su rehabilitación y adecuación para uso residencial.

Tras su muerte, y como no tenía hijos, el edificio volvió a la Orden Franciscana a través de donación testamentaria.

La mesa del doctor Jiménez Díaz

Merece mucho la pena visitarlo porque es realmente bonito y está bien conservado, en parte, gracias a los esfuerzos de los misioneros identes que lo custodian en la actualidad.

Según dicen ellos mismos, además de su misión religiosa, promueven la celebración de actividades culturales, sociales y de restauración.

La ruta

Para encontrar la ruta, al llegar al pueblo de La Cabrera solo hay que seguir los carteles que nos indican el convento que, como no podia ser de otro modo, está en direccion al cementerio y a unos 2 km del centro del pueblo.

Luego de visitar el Convento o antes -según cada cuál- , os recomendamos tomar la ruta que sale desde la última curva de acceso al lugar y que os llevará hasta Valdemancos, pero que es circular.

Hay que encontrar la antena de telecomunicaciones (una vereda a la derecha una vez que se divisa Valdemancos) y al llegar allí, tomar un camino que se bifurca, otra vez, a la derecha.

Este camino nos devuelve al punto de partida sin pérdidas.

En medio del camino hay numerosos pedruscos graníticos sobre el que improvisar nuestro restaurante Pop Up y sacar esa maravillosa totilla de patatas con pimientos, o esos filetes de cinta de lomo que saben a gloria.

Más pistas

Lo que las guías no dicen

El Convento puede visitarse martes, jueves, fines de semana y festivos, pero también es utilizado por gente que quiere hacer un ‘retiro espiritual’ para desconectar del estrés diario.

Por eso consta de 3 bungalows-habitaciones (Eremitorios) que se ‘alquilan’ a los visitantes para que pasen allí un fin de semana en medio de la naturaleza y la tranquilidad.

Eremitorios donde alojarse y meditar

Según el número de personas, incluso es posible comer con los misioneros idenses (4 personas) o, por el contrario, hacer vida monacal pura y dura.

Telf 918688561 ó conventolacabrera@gmail.com. Preguntar por Constantino. ¿El precio? La voluntad, según las posibilidades de cada uno.

Lo que no te puedes perder

Las panorámicas de la Sierra madrileña, y las figuras que forma el granito.Parece que estuviéramos en la Ciudad Encantada.

Se ven cabezas humanas, animales…hasta monjes de espaldas. Solo hay que mirar y dejar volar la imaginación para convertir el paseo en una aventura divertida.

Y si vas con niños, distraerles. Además de eso, el camino está plagado de tomillo y romero para perfumarnos mientras caminamos.

Asimismo (esta no es para ir con niños) existe otra ruta para llegar a Cancho Gordo y sus restos prehistóricos.

Cerro de Cancho Gordo

Es un poco más larga e intrincada que la anterior conduce hasta el Cerro de la Cabeza donde hay un poblado visigótico…si consigues verlo.

Comer

En la Cabrera hay distintos asadores donde podremos tomar un estupendo cabrito, pero, si hace bueno nos inclinaríamos por el bocata y la tartera.

Es más económico y se disfruta mucho mirando la sierra desde cualquier piedra granitica que nos sirva de improvisada mesa al aire libre.

Pero si queréis comer cómodamente, por indicación de una de nuestras lectoras y amigas, Lola Gómez, también os recomedamos el Asador de Teodomiro.

Esta en el mismo pueblo de La Cabrera y allí, Irene y Sabino, los propietarios, parece que bordan el cordero y el cochinillo asado. Tenemos que ir.

Tambièn puedes desplazarte hasta el Berrueco para comer en el Picachuelo, pero eso ya te lo dejamos a tu elección.


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