Papúa: el descubrimiento gastronómico de Colón

Cristóbal Colón no descubrió Papúa, sino el explorador portugués Jorge de Menezes y, posteriormente, el español Iñigo Ortiz de Retez, que la renombró como «Nueva Guinea» en 1545.

Pero hay dos motivos para nuestro titular: el primero es que, aunque no hemos sido los «colones» de Papúa, ya que lleva abierto desde 2020, para nosotros ha sido todo un descubrimiento.

Y, en segundo lugar, porque este restaurante está situado en la plaza de Colón de Madrid.

La sala selvática de Papúa Colón

La selva esmeralda

El primer golpe de vista nada más llegar a Papúa Colon es de un lugar selvático: casi una jungla.

Con una barra central, el espacio firmado por Jorge Rivero Prados y Noel Duque Martínez se completa con mesas, sofás semicirculares (a la americana) y techos bajos.

Sin embargo, en la parte central hay una espacio con pantallas y proyecciones de vídeos que bien podrían ser de Filipinas, la bahía de Halong, en Vietnam, o las Phi Phi island en Tailandia.

Papua es una palabra malaya que describe el rizado pelo propio de los melanesios, aunque para Íñigo Ortiz, los habitantes se parecían a los de la Guinea, por eso la llamó Nueva Guinea.

Crema de calabacín con curry japonés

POR SI NO QUIERES LEER TODO EL REPORTAJE…
El restaurante Papúa Colon, en Madrid es distinto y diferencial con respecto a lo conocido. Aparte de por su show-espectáculo que transcurre mientras el comensal está en su mesa, la calidad de la cocina es muy alta e inusual para este tipo de locales. La carta es corta, pero ideal para no despistar a los clientes y los platos son reconocibles a pesar de los toques exóticos que le imprime el chef.
El chef Wilmar Soto

Sorpresa culinaria

Como sucede con otros restaurantes de la capital, aunque este fue de los pioneros, Papúa incorpora un show cada noche en la que dos bailarinas y un bailarín interpretan temas musicales entre las mesas.

Y entre medias, un Dj, cubre ese evidente vacío, que como dijo el chef Mario Uliassi, en el pasado Madrid Fusión, sufren los comensales entre plato y plato.

Buñuelos de queso Idiazábal

Eso no quiere decir que el servicio sea lento, todo lo contrario, es solícito, rápido y, depende del comensal, sobrado de confianza.

Pero lo que importa -y no suele ser habitual en este tipo de locales-es que la cocina esté a la altura de las circunstancias.

Barra central del restaurante

Y en Papúa lo está gracias al buen hacer del chef colombiano Wilmar Soto que se encarga de realizar otro show, esta vez gastronómico, muy meritorio, como ocurre con la crema de calabacín con espinacas y boniato frito a la que el curry japonés le da un toque espectacular.

Este era solo el aperitivo, pero la cosa pintaba bien.

Huevos rotos de gallinas camperas

Recomendados

Después llegaron unos buñuelos de queso Idiazábal suaves y mas que notables (19,60€) y uno de los clásicos de este restaurante.

En este apartado de clásicos también figuran unas patatas bravas, croquetas de cecina semi-líquidas y el steak tartar Jules Verne.

Se aprecia en la carta que los platos llevan una materia prima muy estimable.

Lo que se confirma cuando llegan unos esplendorosos huevos rotos de gallinas camperas con patata pochada, papada de cerdo ibérico, cebollino, espuma de boletus y setas japonesas (23.90€).

Este mismo plato tiene una variante con caviar, patatas fritas, carabinero y salsa americana hechas con sus cabezas (32,90€)

Otro acierto de este chef que no se queda corto con el tamaño de las raciones.

Tataki de angus sobre tuétano

El tamaño importa

Y en medio de la jungla, aparecen, de repente, las bailarinas y el bailarín o una trapecista que se cuelga de unas telas a manera de circo del sol, pero en formato pocket.

Así que el espectáculo sigue dentro y fuera de la cocina.

En carta también hay platos vegetales como los pimientos chocolate o arroces de distinto calado como el risotto de calabaza o el socarrat.

El espectáculo sigue adelante a intervalos en los pasillos y escenario del local, y a veces en las mesas.

Y el diseño del espacio recrea una selva tropical elegante y envolvente. 

Lubina al carbón de encina

Jungla

Vegetación abundante, referencias animales, maderas, tonos verdes y aguamarina y una gran bóveda acristalada que baña de luz natural el conjunto.

La lubina al carbón de encina con puré de apionabo, limón glasace cítrica y crujiente de kale (34.90) es pura delicia y tiene el toque mágico que le da la calidad del pescado.

Tampoco se queda atrás, el tataki de angus madurado 65 días servido sobre hueso de tuétano a la brasa con chimichurri de ajo negro e hilos de tirabeques braseados, de excelente ejecución (36.50€).

Nuevamente, sobre todo en el caso de la carne, la ración es pantagruélica, así que cuidado con eso porque este plato se puede compartir -como el de los huevos rotos- y comen dos personas sin problema.

Otras opciones son la costilla de ternera ahumada o entraña a la brasa en una carta no muy extensa (lo que es de agradecer) y unos platos a los que el chef siempre les da un toque exótico que afianzan y refuerza el gusto de cada elaboración.

Tarta de queso

Coctelería

Papúa Colon también tiene espacios reservados para eventos y cuenta con Daniel Regajo al frente de la coctelería donde destacan el sexy colada o el papus spritz.

Nosotros no tomamos ninguno, pero el tema promete.

Y no querríamos olvidarnos de la tarta de queso, que tomamos como postre, compartido, porque ya no nos daba la vida.

Brutal como la propia jungla envolvente en la estuvimos sumergidos durante la velada.

Semi Líquida, con helado de leche y toques de caramelo de violeta (12,50€). Espectacular.

El espectáculo no para

Nuestro menú

📕Mejorable 📙Aceptable 📗Bueno 📘 Excelente


Papúa Colon. Plaza de Colón 4. Madrid. Tfno. +34 915 76 68 97. reservas@papuacolon.com. www.papuacolon.com


Cómo llegar

https://maps.app.goo.gl/5ch2CkPoq3Mz4YTZ7

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