Albarracín: el embrujo de la piedra rosada

Albarracín está bañado en rosa o en tonos rojizos o en tonos marrones, depende de los ojos que lo miren.

Pero, eso sí, se vea como se vea, esta ciudad monumental es majestuosa y espectacular.

Elevada sobre los meandros del río Guadalaviar aún conserva su estructura defensiva inexpugnable.

Monumento nacional

Albarracín es monumento nacional desde junio de 1961, pero el galardón se queda corto porque este bello pueblo o ciudad turolense, como se quiera, es puro arte de principio a fin.

Como ocurre con otros lugares grandiosos -y este no es una excepción- el pueblo está en cuesta, por lo que el necesario y recomendable pateo de sus calles medievales puede ejercer de rompepiernas.

De hecho, está enclavado en una colina de los Montes Universales y asentado en el istmo y la península que forma el río Guadalaviar.

Qué ver

Cuenta con abundantes monumentos, como la Iglesia de Santa Maria, la Catedral, el Palacio Episcopal.

También salpican sus calles algunas mansiones señoriales, y una peculiar arquitectura popular donde destacan la casa de la Julianeta, la casa de la calle Azagra, la plaza de la Comunidad y la pequeña y evocadora Plaza Mayor.

Pero el mayor encanto de Albarracín proviene, sobre todo, del trazado de sus calles adaptadas a la difícil topografía del terreno, con escalinatas y pasadizos.

Las casas se caracterizan por tener muros irregulares, de color rojizo, con entramado de madera, en difícil equilibrio, y aleros que se tocan.

Breve historia

Desde la más lejana prehistoria, Albarracín y sus tierras estuvieron poblados, como prueban las pinturas rupestres del Rodeno.

Pintura rupestre del Rodeno

Sobre castros celtas surgió la población romana, que al cristianizarse se llamó Santa María de Oriente.

Con la invasión musulmana llegó aquí un grupo berberisco de la tribu de los Ibn-Racin, que le dio su nombre de villa.

Tras el fracaso de conquista por parte de Jaime I en 1220, es Pedro III de Aragón quien la conquista en 1285, pasando definitivamente a la Corona de Aragón en 1300.

La murallas

Subir a las murallas es una tarea que, aunque costosa, es ineludible cuando se visita este bello pueblo de Teruel.

Para visitar la ciudad y subir hasta lo más alto de la fortificación todos los itinerarios tienen como punto de partida la Plaza Mayor.

A las murallas se puede acceder por la calle del Chorro, y una vez llegado a la fuente, subir por unas escaleras que nos llevarán al principio del camino, la calle Subida a las Torres.

Eso nos situará en la iglesia de Santiago o el Portal de Molina. Desde éste se puede apreciar el sistema defensivo de la muralla, con sus torres escalonando la áspera falda de la montaña.

Castillo de Peracense

Acercarse hasta el castillo Rojo o de Peracense es una excursión obligada.

El acceso hasta el castillo discurre por antiguas pistas forestales.

La mejor opción es hasta Ródenas, donde se encuentra el Castillo de Peracense, partiendo en dirección a Bronchales y Pozondón.

Sin embargo, hay una alternativa como es llegar al pueblo Peracense desde la autovía de Teruel. No te libras de las curvas, pero las reduce en número.

Rojo, ródena

El castillo es, sin duda, uno de los más espectaculares de todo Aragón y de toda España, tanto por la magnitud de su obra como por su ubicación, en un entorno natural de gran belleza plástica.

La zona alta está protegida por una grandiosa torre que a la vez, defiende al tercero, que está enriscado sobre un espectacular peñasco.

Por eso sus elementos característicos pertenecen a un emplazamiento militar no palaciego. Y es que el Rojo ródena de sus muros impresiona de verdad.

Más pistas

Lo que las guías no dicen

Aparcar en la ciudad es difícil. En su parte baja, hay varias zonas de aparcamiento.

Por eso, si hay sitio, es mejor dejar allí el coche. Imprescindible zapato cómodo.

Todas las calles están empedradas, con cuestas y escaleras, y la subida a las murallas se realiza por un camino de tierra.

Lo que no te puedes perder

Albarracín ya merece la pena por si misma, pero si le añadimos el castillo de Peracense es aún mejor.

Si vamos con niños, es buena idea acercarse a Dinópolis: un gran parque de atracciones con actividades, cine, museo…dedicado a los dinosaurios.

Se llega directo desde la autovía en la salida a Teruel Sur.

Comer

En la calle del Chorro que sube al castillo hay varios bares y restaurantes.

Uno de los más relevantes, sobre todo por su cabrito, es el restaurante el Rincón del Chorro.

Otra opción, más que obligada si disfrutas comiendo es la hospederia del Batán, en Tramacastilla, que tiene una estrella Michelin, y puedes almorzar por un precio de entre 49 y 69 euros (menú gastronómico cerrado), lo que no está nada mal.

Si se tiene tiempo y dinero, Mora de Rubielos no está muy lejos y está lleno de outlets de ropa, sobre todo de deporte.

Hospedería del Batán

Hay que probar las almohábanas de ben Razin (al lado de la plaza mayor de Albarracín se encuentra la pastelería más famosa donde las venden), sin descuidar el jamón, queso, vino y miel de Teruel, que tampoco tienen desperdicio.

5 thoughts on “Albarracín: el embrujo de la piedra rosada”

  1. Muy didactico este reportaje. Yo estuve en el restaurante que dices y, si, son muy antipáticos y malencarados

  2. ¿Esa foto de Albarracín es desde el castillo?. Preciosa. ¿puedes colgar mas?

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