Maralba: ‘culpable’ de cocinar felicidad en Almansa

Maralba es el mejor restaurante de Castilla La Mancha. Y es que su chef, Fran Martínez, casi sin ruido y si pedir permiso se ha aupado hasta el limbo de los dioses.

Maralba y Fran Martínez tienen ya dos estrellas Michelin y, dos soles Repsol (ya era hora), que más vale tarde que nunca.

Y es que la guía Repsol es un ejercicio de tozudez que casi rozaba la ignominia, no ha distinguido a este restaurante con sus soles hasta que, por vergüenza torera, ha claudicado.

Carrera silenciosa

Afortunadamente, en España quedan restaurantes y chefs que, sin hacer ruido, se meten en nuestra memoria a través de la calidad de sus platos; de la honestidad y elegancia de sus elaboraciones.

Y uno de ellos es, sin duda, Fran Martínez, quien sigue trabajando cada día como cuando empezó en esto hace casi 15 años y ha conseguido que su restaurante sea uno de los más deseados de España.

En derecho se dice que no hay ‘delito’  si no existe carga de la prueba; lo que equivale a decir: si no se puede demostrar.

Y decimos esto porque en el mundo actual donde están diluidos los valores de la pasión y profesionalidad con la figuración, la gastronomía no es una excepción. Por eso, el parecer a veces resulta más importante que el ser.


Fran Martínez, en uno de los reservados de Maralba

Existencialismo gastronómico

A este contubernio existencial, como si lo hubiera propuesto un Jean Paul Sartre digital, han venido a sumar, y también a sembrar más dudas, las redes sociales en las que muchas veces -aparte de trolls y otros frikis de armas tomar- cuenta más la impostura y el postureo que la persona, el chef, el restaurante y, sobre todo, el plato.

Por suerte, siguen quedando personas y restaurantes que, lejos del mundanal ruido, son capaces de reivindicar su cocina sin necesidad de salir en las fotos vestidos de Armani o hacerse un click con el/la influencer de turno (o que dice serlo), para cumplir con las obligaciones de la ‘vida paralela’ del mundo online

Castillo de Almansa al atardecer

Con los pies en la tierra

De estos chefs, de los que estamos tan necesitados para volver a poner los pies en la tierra, conocemos unos cuantos, pero no vamos a citarles para no ofender a los que no aparecieran en esa hipotética lista.

Pero sí diremos que Fran Martínez, del restaurante Maralba, es uno de ellos. Ignorado (casi) durante años -como hemos señalado- por una guia Repsol que sigue sin rumbo, tiene en su haber dos estrellas Michelin ganadas a pulso.

Así que estamos en un restaurante que siguiendo con el simil jurídico: sí, señorías, es culpable; cupable de luchar con pasión; culpable de hacer las cosas con dignidad; culpable de buscar en la tradición manchega los mejores productos e ingredientes; y culpable, en definitiva, de hacer alta cocina sin subterfugios publicitarios.

Lo que tienen, se lo han ganado porque lo han luchado y nosotros (y todos sus comensales), tenemos la ‘carga de la prueba’ que son sus menús.

El tirón de Almansa

En nuestra última visita nos dimos cuenta, además, de que Almansa le debe mucho a Maralba o lo que es lo mismo: si fuera un cuento podría comenzar con la famosa frase: ‘Erase una vez un pueblo a un restaurante pegado…

Porque hoy muchos de los turistas que visitan esta ciudad-pueblo del sur de Albacete, lo hacen para probar la cocina de Fran Martínez.

Gracias a eso, y a un ticket supermoderado para tener dos estrellas Michelin, en el restaurante siguen colgando el cartel de no hay billetes un día sí y otro también…y tienen lista de espera de semanas.

Cosas de la segunda estrella Michelin y cosas de la justicia que a veces ‘falla’ con acierto, por eso siempre lleva vendados los ojos, como si fuera ciega.

Uno de los reservados del restaurante y su famoso ¡que te la den con queso!

El restaurante es un lugar aireado, espacioso, donde las conversaciones de los comensales pasan desapercibidas para sus compañeros de comedor y donde la madera y el blanco incrementan, aún mas, esa sensación de pulcritud absoluta.

Tres menús

En estos momentos, el restaurante tiene tres menús y tres precios, pero llama la atención que en España se pueda comer en un dos estrellas por 50 euros.

De hecho, hay tres menús con distintos precios atendiendo al número de platos que contiene cada uno: El menú Maralba (50 euros), el menú Festival (69 euros) y el Fran Martínez (90 euros).

Los snacks y las tapitas sorpresa son comunes a todos. Así que la diferencia está en el numero de entrantes y principales.

Nueve de los trece platos del menú Festival

Menú festival

Nosotros probamos el menú Festival que está compuesto por cinco snacks, tres entrantes , dos principales y dos postres, además del ‘que te la den con queso’ (una tabla de quesos muy sui generis) que puede considerarse un pase mas.

Los snacks empiezan a llegar sobre a la mesa como si fuera un escenario hecho a base de maderas: croquetas, simulando huevos, sobre un tronco; cilindros cabeza de cordero bajo un fino rebozado y una especie de morteruelo con más especias que un Phad Thai, riquísimo, con piñones y un regusto endiablado que enloquecerá a los amantes de estos patés’ artesanos.

Un escenario de los snacks

Además, asistimos a un festival de tapas sorpresa que daban la cara con una combinación de carne de gallina y cerdo y un caldo de ave espeso, inmenso en sabor y una especie de gelatina hecha de remolacha con miso, y base de galleta que era pura seda.

Callos de bacalao

Le siguieron unos callos de bacalao con un fondo ligeramente picante extraordinario y una pastilla gelatinosa de rape y emulsion de cebollino  llena de sabor.

Gelatina de remolacha, callos de bacalao y texturas de calamar

La siguiente prueba en este gastrojuicio fue un conjunto de escabeches de conejo, caballa semicurada en sal y corazón de atún, que son una explosión de texturas y sensaciones.

Además, Fran Martínez lo presenta en forma de esferas líquida, así que hay que tener cuidado de no morderlo fuera de nuestra boca. (lo avisan, asi que no hay problema). La explosión de sabor resultante es conmovedora para cualquier paladar

Selección de escabeches

Moje manchego y salmonete

Estábamos en plena toma de decisiones sobre cuál era el mejor, cuando llegaron los  entrantes.

El delicadísimo moje manchego con mújol, con el vinagre justo y un tomate de los que no quedan y que merece una enmienda a la totalidad, y un salmonete de roca, en frío, semi curado en sal de cítricos y guiso de apionabo difícil de olvidar.

Presentado en forma de carpaccio, es un pescado difícil de encontrar por estos lares, pero el chef lo trae directamente de la zona de Villajoyosa, Alicante.

Salmonete de roca y guiso de apionabo

Principales

A continuación llega la gamba blanca con almendras. algas y emulsionada con la espuma de sus cabezas, un clásico de Maralba, y el calamar con sus espaguetis, o calamar en texturas con caldo de jenjibre, que es como un Real Decreto Ley.

Pero ahí no se acababa el alegato de la defensa puesto que faltaba el Cordero manchego con berenjena ahumada y jugo del propio cordero con velo de leche de oveja que en el plato más bien  parecía una cebra bebiendo agua en las laderas de Serengueti (o así). Exquisito, suave, con mollejas: una delicatessen en toda regla.

Cordero manchego en su jugo y velo de leche de cabra

De la costa alicantina también llegó uno de los platos principales con el pescado del dia (de la playa, dice el chef) que era una dorada con hinojo y el pil pil concebido a partir de sus pieles.

Un ligero picor, de nuevo, pero sin molestar, le dan un toque especial a un pescado que reclama su sitio para declarar -a favor del chef, claro-. en este juicio sumarísimo a su trabajo.

Pato azulón

El segundo principal fue un pato azulón (plato tan arriesgado como la caza o las vísceras) con tupinambo y bearnesa de foie gras, que, a pesar del miedo del abogado defensor, no dejó ni mucho menos al chef en mal lugar. Sabor excepcional y el tupinambo y la bearnesa un acierto verdadero.

Dorada al hinojo y pil pil de sus pieles

Postres

Los postres (que nosotros que no somos nadie, dicho sea de paso, cambiaríamos de orden para dejar el cítrico al final) fueron una esponja de cítricos realmente increible y refrescante, hecha para acabar con todos los adjetivos, y unas peras al vino tinto con granizado de vermú y sorbete de canela.

Pera al vino y esponja de cítricos

Que te la den con queso

Para el final (aunque lo sirven antes de los postres) hemos dejado la ‘tabla de quesos estilo Maralba’.

Y decimos estilo Maralba porque es muy sui géneris y una originalidad del chef que fue uno de los participantes en la 5 ª edición de Córdoba Califato Gourmet, celebrada en la capital andaluza los pasados uno y dos de octubre.

La tabla no es tal, sino unas plataformas de madera con queso encapsulado en esferas y medias esferas originalísimas.

En orden

El primero, por orden de ingesta, fue un ejemplar de Lugo, de la zona de Cebreiro. Se trata de un queso tierno que tarda en secar 7 dias. Lleva polvo de vino tinto por encima y es una semiesfera.

El segundo, es el queso manchego Pesebre, de Villarobledo, que lleva siendo proclamado durante 6 años seguidos el mejor queso manchego.

Le sigue uno de cabra, Moluengo, de Villamalea,hecho a base de pasta blanda y con corteza natural.

Finalmente, y este fue el que mas nos impresionó, aunque todos estaban espectaculares, fue el buñuelo de queso azul de Baviera.

Un campeón de los quesos azules en la Champions League de este producto. mas suave que el cabrales, pone el punto final a esta maravillosa tabla que bien podría llamarse, emulando al Rey Arturo (hoy nos ha dado por los parecidos, qué le vamos a hacer): Fran Martínez y los quesos de la tabla redonda.

Cristina atiende la sala

Como era de esperar, al final de este gastrojuicio figurado el jurado consideró al acusado inocente de cualquier cargo contra la insentatez y culpable de haber provocado en nuestros paladares sensaciones difíciles de olvidar.

Casi tanto como la amabilidad y la profesionalidad de los integrantes de la sala, comandada por Cristina, que son capaces de cambiar el humor y el veredicto al jurado más mohíno (aunque este no era el caso). Ahí queda eso.


El Menú

  • Snacks: croquetas, cabeza de cordero rebozada, morteruelo y paté artesano.
  • Caldo de ave espeso, gelatina de remolacha con miso, callos de bacalao, caballa semicurada en sal y blini con escabeche de conejo
  • Moje manchego con mújol y salmonete de roca
  • Gamba blanca con almendras. algas y emulsionada y el calamar con sus espaguetis.
  • Cordero manchego con berenjena ahumada
  • Pescado del día (dorada al hinojo)
  • Pato azulón
  • Tabla de quesos
  • Postres: Esponja de cítricos y peras al vino tinto

Maralba. Calle Violeta Parra, 5, 02640 Almansa, Albacete. Telf 967312326. www.maralbarestaurante.es



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