Tabarca: más que un trozo de piedra

El hecho de que Tabarca esté muy cerca de Alicante y salgan ferrys continuamente para visitarla va en su contra.

Curiosamente, y nos metemos nosotros en este saco, se piensa que Tabarca es un trozo de pedrusco donde van los turistas de más bajo nivel a darse un garbeo.

Sin embargo, una vez que te atreves a pasar el umbral de la indiferencia y te subes a uno de sus barcos o vas en uno propio o alquilado, la cosa cambia.

Por si no lo sabías, se trata de la isla más grande de la Comunidad Valenciana y la única habitada. 

Administrativamente, está considerada como un barrio de Alicante y en ella se halla el pueblo de Tabarca.

Una de las calles del pueblo

Desde los griegos

Aunque hay hallazgos que indican que en la antigua Grecia conocían su existencia, parece ser que su nombre proviene de la llegada de los refugiados genoveses de la isla tunecina de «Tabarka» en 1770.

Ahí cambió su nombre por el de Nueva Tabarca que proviene del árabe (ṭabarqa), que a su vez deriva de Thabraca, nombre del asentamiento berebere original.

A la ciudad fortificada, además, se también se la conoce como San Pablo (en valenciano Sant Pau).

Tabarca tiene unos 450 m de ancho, pero con un estrechamiento relevante en su tercio oeste, donde se sitúan el puerto y las dos playas.

Puerta y muralla

Eso hace que se haya creado un istmo que separa la ciudad del resto de la isla.

Su relieve tiende al plano, con una altitud máxima de 15 m sobre el nivel del mar.

Sin embargo, está rodeada de trampas en forma de pedruscos que hacen peligrosa la navegación, si no se conocen.

De hecho, un viajero griego llamado Estrabón la describió como una isla peligrosa por la abundancia de escollos, hecho que podría confirmarse por los diversos naufragios de naves romanas que se han hallado en las cercanías de allí. 

Cerca de la isla principal se encuentran los islotes de la Nao (Nau), la Galera y la Cantera.

Otros peñascos más pequeños rodean la isla: l’Escull Roig, la Sabata, l’Escull Negre y Cap del Moro.

Tabarca fue durante el siglo XVII y XVIII un enclave militar, pero pocos saben que su faro, inaugurado en 1854, llegó a ser escuela de fareros.

Las rocas de su entorno provocaron muchos naufragios

Junto a la isla de la Graciosa, en Canarias, fue la única isla habitada de España (en la actualidad unos 50 habitantes) que quedó a salvo del coronavirus en 2020.

Finalmente, el 14 de abril de 1983 se declaró la isla reserva marina (hay 12 en España) «a fin de preservar la fauna y flora marina de la zona y servir de base de repoblación en beneficio de la riqueza ecológica de las aguas colindantes».

El mítico faro

Qué ver

Aunque, lógicamente no tiene mucho que ver, arquitectónicamente hablando, aún quedan restos de la muralla que rodeaba toda la isla.

La muralla tiene tres puertas: la de Levante o San Rafael, la Trancada (al lado se han encontrado restos romanos) y la de Tierra.

También está la iglesia de San Pedro y San Pablo, la casa del Gobernador, la Torre de San José, donde se ubica actualmente un museo de entrada gratuita, y el Faro

La iglesia
Cuevas de Llop Marí

Cueva con monstruo

La cueva del Llop Marí se sitúa en la parte sur de la isla bajo las murallas.

Consta de dos bocas contiguas con acceso por mar si dispones de una embarcación de pequeño calado, con un recorrido de 100 metros.

Según la leyenda popular es el refugio de un horrible monstruo marino, de cuerpo liso y viscoso con boca armada de dientes de diferentes tamaños y formas, al cual persiguen los tabarquinos por las noches.

Su perfil plano hace que la isla casi carezca de vegetación

Cómo llegar

Y es que, si quieres organizar una escapada a esta isla lo puedes hacerlo desde Alicante (a unos 20 km/12 millas náuticas), desde Santa Pola (8 millas) o a poco más de 4.300 metros (2,35 millas náuticas) si lo haces desde el cabo de Santa Pola. 

Pero si no quieres pasar un mal rato, conviene que revises el día anterior a tu visita la previsión del tiempo.

Eso, y las horas a las que vas y vuelves, porque puede hacer que la travesía sea un camino de rosas o se acerque mas a un calvario.

Ferry en el puerto de Alicante

Travesía

Y es que los factores externos que pueden influir en la travesía son tan agradables como traicioneros en un clima mediterráneo que se comporta, la mayor parte de los días, de forma amigable.

Sin embargo, a veces sorprende complicando la navegación. Por eso conviene consultar la previsión meteorológica justo antes del viaje.

Si vas por tu cuenta consulta el tiempo

Un viento inesperado o un oleaje algo travieso pueden transformar un paseo aparentemente fácil en una aventura incómoda o incluso obligar a cancelar la salida por seguridad.

En días de calima y/o niebla, la prudencia invita a retrasar salidas o incluso modificar rutas.

Y aunque casi nadie las nota, las corrientes que hay por estos lares influyen y mucho.

A veces parece que el barco se desplaza de forma ligera, y en otras la ruta se hace un poco más larga de lo previsto.

Saliendo de Alicante a Tabarca

Comer y mas

Aunque Tabarca sea pequeña cuenta con bastantes servicios como baños públicos, duchas y fuentes donde refrescarse.

Y habiendo turismo hay gastronomía.

Por eso los restaurantes ofrecen desde tapas hasta el archiconocido caldero tabarquino, un plato marinero que muchos asocian con la esencia misma del Mediterráneo.

Llegada a la isla

Los más conocidos tienen nombre de mujer: Gloria, Tere y Amparín, además de La Muralla, claro está. Echa un vistazo a sus cartas y elige según tus gustos y posibilidades.

Por todo esto, la escapada a Tabarca (desde Santa Pola o Alicante) es una alternativa fácil y cómoda si buscas algo especial para pasar el día.

Aspecto general de Tabarca con sus aguas cristalinas


Coordenadas

https://maps.app.goo.gl/REHYNwYUqsv8Yxp66

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