Lisboa, tan cerca y tan lejos

Lisboa es una de las capitales más bellas de Europa y, sin embargo, muchas veces olvidada por el turista español.

Y es que es curioso cómo algunas veces denostamos ciertos lugares por cercanía, aunque tengamos auténticas joyas al alcance de la mano y a una hora de avión.

Este el caso de Lisboa, tan decadente y maravillosa, o el de las afamadas Estoril y Cascais, e incluso de la palaciega Sintra.

Por eso le viene al pelo la frase: ‘tan cerca y tan lejos’.  

Sintra

Y precisamente, por ahí queremos comenzar este reportaje; por Sintra a la que se puede llegar fácilmente en coche o también en un tren que sale de Lisboa.

Si vamos en tren, al salir de la estación, ya en Sintra, veremos que el pueblo tiene muchas callejuelas y cuestas.

De hecho, los dos palacios-castillo a visitar- el Palacio Da Pena y el Castillo Dos Mouros– están en lo alto de la colina.

Si subimos caminando hay media hora rompepiernas, pero a cambio veremos los bosques, fuentes y lagos que se asientan en las laderas.

También se puede subir en autobús (lo más aconsejable), aunque la vista no será la misma.

Palacio da Pena

El Palacio da Pena, construido sobre un convento del siglo XVI, es extraordinario.

A algunos de vosotros, las cúpulas doradas y amarillas de estilo neoárabe, neomanuelino, el neorenacensita y neogótico, os paracerán una frikada del arquitecto alemán que las diseñó, pero son espectaculares.

Construido en 1840 parece diseñado por Walt Disney y dispone de unas vistas impresionantes, ya que en los días despejados se ve hasta el mar y, por supuesto, el Castillo dos Mouros, en otra de las laderas de la sierra de Sintra.

Levantado como defensa por los árabes en el siglo VIII, cuenta con cinco torres y se puede caminar por sus almenas.

Como acabareis agotados de subir y bajar cuestas y escaleras, para el resto del día os propongo dos opciones: si llegasteis en coche, tomar el desvío a Lisboa (o el tren) o, por el contrario, girar hacia Estoril y Cascais.

Lisboa

Si fuimos a Sintra en tren –lo más aconsejable – deberíamos hacer lo mismo para volver a Lisboa. La estación nos deja relativamente cerca de la plaza del Rossio y también de la plaza del Comercio .

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En ésta podemos –y debemos- tomar uno de los tranvías que suben hacia el Barrio Alto para acceder hasta al castillo de San Jorge.

Esta fortaleza es una de las maravillas de Lisboa.

Construido en el siglo V por los visigodos, fue ampliado por los árabes en el siglo IX y modificado durante el reinado de Alfonso Enríquez.

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En 1938 sufrió una restauración completa.

Su período de máximo esplendor se extendió desde mediados del siglo XIII hasta principios del siglo XVI, época en la que el castillo estuvo ocupado por los reyes de Portugal.

Vista desde el castillo

Para entrar hay que pagar, pero acercarse a su muralla y ver desde allí el atardecer sobre el puente del 25 de abril –el puente colgante más largo de Europa- y la desembocadura del río Tajo, es gratis y una de las estampas más impresionantes de Lisboa.

Catedral y Alfama

Después de visitar la fortaleza es recomendable dar una pequeña vuelta por las calles cercanas, y ya que estais allí, y si está abierta, acercaros hasta la catedral de Lisboa.

Pero si no os apetece o está cerrada, yo que vosotros bajaría andando por el barrio de la Alfama (antiguo barrio de pescadores) hasta alcanzar el centro neurálgico la plaza del Rossio y de allí al barrio del Chiado.

A brasileira

En este barrio es imprescindible hacer una parada y sentarse en una de las mesas del café A Brasileira, en cuya terraza una escultura representa a Fernando Pessoa, famoso pensador, escritor y poeta luso y en cuyas mesas escribió alguno de sus más famosos escritos.

Estatua de Pessoa en A brasileira

En este rápido repaso de Lisboa no queremos olvidarnos del barrio de Belem y de los famosos pastelillos en la fábrica-cafetería-pastelería.

Al otro lado

Una opción que también debeis valorar es cruzar al otro lado del puente 25 de abril y comer en alguno de sus restaurantes.

También es de obligado cumplimiento la visita al monumento a los Descubridores y al monasterio de los Jerónimos.

Y desde luego también es imprescindible acercarse a Estoril y Cascais.

Este último, señorial y regio, tiene un curioso pasado ligado al espionaje.

Tal vez por eso Ian Fleming se inspiró para escribir una de sus más famosas novelas (y luego película de James Bond), Casino Royal.

De hecho, el Hotel Palacio, el English Bar o el Casino de Estoril fueron algunos lugares frecuentados por estos espías.

Más pistas

Lo que las guías no dicen

En Lisboa es imprescindible tomar algún tranvía.

Torre de Belem

Una buena opción es el número 12, que atraviesa el barrio del Chiado, pero también es buen idea subir al castillo en el nº 28 que os deja en la misma puerta.

Hay que probar el Elevador de Santa Justa, en la plaza de los restauradores, estilo Eiffel, y pasear por el barrio del Chiado, reconstruido tras el incendio de 1998.

Elevador de Santa Justa

Lo que no te puedes perder (alrededores)

Uno de los más visitados es el palacio real de Queluz, también llamado el Versalles portugués, en el que destacan el jardín de Malta, el jardín de Neptuno y el canal de azulejos, entre otros lugares recónditos.

También es de obligada visita el palacio de Mafra declarado monumento nacional en 1907.

En él destacan los magníficos bosques de Mafra, y la inmensa biblioteca situada en el monasterio, con un fondo de 40.000 obras.

Comer

Si quereis comer bacalao en un restaurante clásico con los azulejos típicos como decoración, el lugar más popular es la cervecería da Trindade, en el barrio Alto.

Construida en el antiguo comedor de un monasterio, es un lugar inmenso donde prácticamente siempre habrá una mesa disponible.

Lo bueno es que dan de cenar hasta muy tarde, lo que no es desdeñable en Portugal donde predominan los horarios británicos.

Sin embargo, nuestra recomendación por calidad-precio, es Saraiva’s Tagide (20 € ticket medio) , O Parreirinha (25 € ticket medio), en el barrio de Alfama y Solar dos Nunes (30 € ticket medio).

Monumento a los descubridores

Con estrella

Eso sí, si quereis comer en un estrella Michelin, Lisboa también tiene unos cuantos. Por calidad precio, dos de las opciones son Eleven (35-165 €) y Epur (35-160), con una estrella, y Alma (64-120 €), con su chef Henrique Sa Pesoa y dos estrellas Michelin.

Luego, si lo prefieres también teneis el Fifty seconds, Belcanto (dos estrellas) Loco o Feitoria, con precios que van de lo 75 a los 180 €.

2 thoughts on “Lisboa, tan cerca y tan lejos”

  1. Una descripción fantástica de una ciudad única por la que yo, como buena pessoana, siento un cariño muy especial. No me cansaría nunca de pasear y perderme por sus calles. Y me has recordado lo mucho que me apetece volver.

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