Cascais y Estoril: el glamour del Atlántico

Cascais es la ciudad de la burguesía portuguesa y Estoril desprende glamour por sus cuatro costados.

No en vano, estas ciudades (o pueblos, según se mire) cercanos a Lisboa, ha sido precursores de la dolce vita portuguesa.

Además de eso, Estoril está unido a historias de espionaje e intrigas dignas del espía y escritor John Le Carré.

Por ejemplo, se rumorea que el hotel Atlántico y el del Casino eran los cuarteles generales de los espías británicos y alemanes en el albur de la Segunda Guerra Mundial.

Dicen, incluso, que Ian Fleming, creador del agente 007, espiaba para los servicios secretos británicos y se dejaba decenas de miles de escudos portugueses en el Casino de Estoril.

Precisamente, en sus salas de juego, Fleming se inspiró para crear el guión de la película Casino Royale (rodada en 1967 y, en versión actualizada, en 2006).

Estoril

La presencia española en Estoril todavía retumba en las paredes de sus edificos y calles empinadas.

Y es que aún se acuerdan de la estancia que pasó aquí del Rey Emériro Juan Carlos I, con sus padres.

El límite de Estoril

Por eso, en la Costa de Estoril su gentes, amables y dicharacheras, siempre tienen palabras amables para los turistas españoles.

Una vista de la playa, al fondo, Estoril

Cascais

En cuanto al pueblo cercano de Cascais, es como si fuera “el padre” de Estoril, ya que vive, por así decirlo, con los pies más pegados a la tierra.

Cascais

Aunque sus ciudadanos, como el resto de portugueses, se debaten en si su alma es más británica o ibérica.

Y es que llevan genes anglosajones, pero su cuerpo les pide calle, aire, sol y conversación…mediterráneas.

calle de Cascais

El caso es que la pedanía de Cascais, a la que pertenece Estoril,  representa a la burguesía portuguesa.

Su costa llena de chalets y palacetes, podría parecerse a los que rodean al Palacio de la Magdalena en Santander.

Hoteles y apartamentos de 1,5 millones de euros, hablan de un lugar acomodado y tranquilo.

Su aspecto más salvaje está pegado a la playa: por un lado, las playas do Guincho, con sus olas surferas, y casi al lado, la Boca do inferno, que recuerda enormemente a los Hervideros de Lanzarote. 

Boca del infierno

Fusión

De forma que si hubiera que fusionar, como si fuera un plato de
nueva cocina, juntaríamos Lanzarote y Santander y obtendríamos Cascais.

Cascais centro

Frente al bullicio (aunque en la Marina hay ambiente), esta zona se presenta como un lugar tranquilo.

Historias románticas

La historia de Cascais está ligada al rey Don Carlos, como dicen allí. Bueno, concretamente a ‘Carlos Fernando Luis Maria Vitor Miguel Rafael Gabriel Gonzaga Xavier Francisco de Assis José Simão.

Rey ilustrado y amante de la oceanografía, que jugaba al tenis y pintaba cuadros, y fue uno de los impulsores de la zona como lugar de veraneo balneario.

Puerto de Cascais, frente a la Ciudadela

De hecho, las crónicas rosas cuentan que se casó por amor con la hija del conde de París.

Y que en honor a su esposa, Doña Amelia de Orleans, y debido a que ambos habían nacido un 28 de septiembre, instituyó este día para inaugurar oficialmente cada nueva temporada de aguas termales.

Qué ver (en los alrededores)

Sintra

Si no conoces Sintra, este es uno de los pueblos de visita obligada.

Justo al lado de la entrada principal nos encontramos el Palacio de la Villa (Palácio da Vila), con sus dos chimeneas cónicas.

Palacio da Pena

El Palacio de la Villa (de finales del siglo XIV), fue el lugar de veraneo de muchos reyes a lo largo de la historia de Portugal.

Cada estancia se encuentra decorada de forma diferente y su interior es un verdadero museo del azulejo.

Pero, el palacio más famoso, sin duda, es el Palacio Da Pena con su estilo del romanticismo decimonónico, fruto de la imaginación del rey artista Don Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha, consorte de Doña María II.

Otros lugares de interés son el Palacio y Quinta de Regaleira y el castillo de los Moros.

En Sintra, gastronómicamente hablando, son famosas sus queixadas.

Boca do Inferno

Otro lugar mítico de la zona es la llamada Boca do Inferno, sobre todo si el mar está enrabietado.

Este lugar es una sucesión de acantilados de roca caliza con distintos agujeros que hacen “cantar” al océano cuando choca contra ellos.

Agujeros, tubos y fumarolas que desafían al viento y al oleaje en un espectáculo maravilloso.

Boca do Inferno

Cabo da Roca

También es interesante acercarse hasta el faro de Santa Marta, junto a la Ciudadela de Cascais y, sobre todo, el Cabo da Roca, el punto más occidental de continente Europeo.

Faro del Cabo da Roca

Si hace viento, el espectáculo es dantesco y si hace sol, se vuelve romántico, pero siempre es espectacular.

Playa de Guincho

También conviene pasearse por la playa de Guincho para ver cómo la gente surfea sobre unas olas impresionantes.

De hecho, su punto fuerte es la naútica y todos los deportes que tienen que ver con el mar desde el surf, al windsurf, kite surf, vela…gracias a la fuerza del viento y las olas que en Carcavelos y Guincho alcanzan fuerza y alturas considerables.

Atardecer desde el Cabo da Roca

Más pistas

Lo que las guías no dicen


El museo del mar de Cascais es gratuito y ya por eso merece una visita, pero, eso sí, breve.

A pesar del valor romántico de este museo, el oceanográfico ‘de verdad’ está en Lisboa.

En Sintra es difícil zafarse de las hordas de turistas, pero hay que ir aunque solo sea porque desde sus murallas se ve el Atlántico.

Vista de Cascais desde el faro de Santa Marta

En Cascais hay que visitar la Ciudadela, en la que ahora hay una pousada perteneciente a la cadena hotelera Pestana.

Tanto aquí como en el resto de la costa el clima es muy cambiante, así que vete preparado para todo.

Si hace bueno, un paseo en barco para ver la costa desde el mar es imprescinsible.

Muralla de la Ciudadela

Lo que no te puedes perder

La lista de monumentos o lugares que no te puedes perder es larga y prolija en bellezas.

Empezando por el centro histórico de Cascais y siguiendo por los Fuertes de Bugio, Oitavos y São Julião da Barra, en la costa.

Asimismo, consideramos imprescindibles visitar el Palacio Nacional, el
Palacio da Pena, el Castillo de los Moros y el Convento de los Capuchinos, en Sintra.

Castillo de los moros, al fondo

En Cascais también es preciso visitar la Ciudadela y, un poco más allá, la Boca del Infierno y el Cabo Da Roca.

La ciudadela fue construida por el rey João II en 1488 como una torre defensiva, aunque hubo que esperar hasta 1589, a que el rey español Felipe II construyera una nueva fortaleza para defender la bahía de los británicos.

Esta y otros muchos edificios defensivos, aún en pie, fueron construidos por los españoles.

Por eso el sello español sigue impreso de algún modo en todos sus rincones.

Comer y dormir

Para dormir en Cascais/Estoril, y aunque hay varios hoteles de lujo, os recomendamos, por historia, ubicación y arquitectura La Pousada de la Ciudadela.

Facha de la entrada a la Pousada

Una maravilla por dentro y por fuera. Con caballerizas convertidas en habitaciones que dan a la Marina y al patio de la Fortaleza.

Puerto deportivo de Cascais

El único fallo del hotel son los desayunos, demasiado espartanos para un complejo hotelero de tanta categoría.

Gastronomia

En lo que respecta a la gastronomía, la oferta es variada y razonable (ya se sabe que en Portugal se come bien en casi todos los lugares) y cuentan con una materia prima más que interesante.

Este es el caso del restaurante 5 Sentidos de Cascais. Una casa de dos pisos intimista e íntima, que tiene en su materia prima -incluido el bacalao- a su mejor aliado. Guisos ricos y abundantes.

Otra de las recomendaciones en Cascais es el restaurante Hemingway, en la Marina o puerto deportivo de Cascais.

Hemingway, en la Marina de Cascais, intenta hacer cocina fusión

En este mismo pueblo también tenéis uno de los locales del chef portugués más laureado, José Avillez, Cantinho do Avillez, donde podéis pasar un buen rato (20/40€).

Puente del 25 de anril en Lisboa

En otros pueblos cercanos como Tercena, la recomendación es O Parreirinha (25/35€) y, en Pazo de Arcos, Casa da Dízima.

En Carcavelos, a medio camino entre Estoril y Lisboa, una buena opción es A Pastorinha (20/50€).

A los que tienen estrella Michelin de la zona, que son cinco, incluidos los de los españoles de Sergi Arola y Eneko Atxa, ni los mencionamos porque todos rondan o superan los 100 €.


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