Venta Moncalvillo, orgullo y pasión riojanas

Echapresto o cómo llevar a Daroca ‘en la piel’

Yo mantengo que una buena cocina, es como una partida de póker: te tocan una cartas y dependiendo de cómo las juegues ganarás o no la partida. Cuando te enfrentas a un menú se nota quien ha sabido impregnar los productos con su sello personal, quien quiere ser honesto con el sabor y también se puede medir cuanto ha sufrido ese cocinero para llegar hasta lo más alto. Este es el caso de Ignacio Echapresto, que jutno a su hermano Carlos, Sumiller, conforman el alma de Venta Moncalvillo.

Ignacio Echapresto

Como en todas las profesiones, hay quien juega a ser Dios y otros que elaboran platos celestiales. A esta última estirpe pertenece Ignacio Echapresto que, junto a su hermano Carlos, que ejerce de sumiller y jefe de sala, ha conseguido encumbrar la cocina del restaurante Venta Mocalvillo hasta el olimpo de las estrellas Michelin (tiene una estrella y sólo un sol Repsol,que sabe a poco, por cierto).
Y tiene tanto mérito, no sólo porque el protagonista de esta curiosa historia riojana fuera herrero
antes que fraile (o cocinero, como queráis), -en la foto superior hay
un racimo de uva/botellero que forjó con sus manos-, o porque haya
cultivado un huerto visitable por los clientes
justo a la vera de su local y que le provee de parte de la materia
prima que necesita para elaborar sus sinfonías gastronómicas, sino
porque natural de Daroca, un pueblo cercano a Logroño de apenas 24 habitantes, ha querido ser profeta en su tierra.

Por eso sus platos saben ‘a la tierra’ y también por eso elabora exquisiteces como las cocochas de merluza asadas a la parrilla con patatas olvidadas (base de patata), que, si no lo estás, te devuelven al mundo de los vivos. La gelatina de la cococha no se recrea en un caldo pastoso como a veces ocurre con el pil pil, sino que Ignacio las desnuda sólo para tus ojos y paladar, y las presenta como su madre las trajo al mundo para respirar. Este es un plato clásico en la carta de Venta Moncalvillo, ya que fue creado en 2004.

Y es que Ignacio, como otros cocineros, hace un seguimiento y archivo minucioso de sus elaboraciones. Esto le permite, entre otras cosas, tener en carta un menú degustación clásico que recoge platos de los últimos 15 años de vida del restaurante. Un ejemplo de ello son las citadas cocochas, la crema de caparrones (1997), los morros de ternera guisados (1997) o la torrija caramelizada (2009),
¡madrecita qué festival para los sentidos!. Además de éste, la carta
del restaurante, aparte de plato a plato, también dispone de otro menú
de temporada por un precio tan contenido que, como el anterior, suma 55
euros.

Con respecto a platos concretos, ricas las alcachofas con cigala asada sobre crema de patata y jamón, espectaculares los boletus edulis con vieiras y del mismo jaez la crema de quesos con remolacha deshidratada y anchoa ahumada.Rico por dentro y precioso por fuera guardando unos equilibrios cromáticos impresionantes y unas combinaciones agridulces extraordinarias. Cómo será el espectáculo visual que a mi me dio pena incluso comer alguno de estos platos. Hubiera estado contemplándolos horas, como si estuviera en la mejor pinacoteca gastronómica.

Y en esas estaba, cuando me encontré, casi por sorpresa, con uno de los platos más impresionantes con los que me he topado últimamente (con permiso de las cocochas con patatas olvidadas). Se trata de un carpaccio de manitas con foie, trompetas de los muertos (un hongo) y trufa.
Ai se eu si te pego (ay si te cojo), vosé así me mata, como la famosa
canción de Michel Teló, me dieron ganas de decirle al chef. Hubiera
estado degustando este plato minutos y minutos. No sé, creo que me
hechizaron con esta elaboración y aún no nos hemos recuperado.

No sé que más quereis que os digamos para que vayais a Logroño y comais en Venta Moncalvillo. Bueno, puedo añadir que su hermano Carlos ha diseñado una carta con 500 vinos clasificada a su manera; es decir, con orden y concierto. Impecable en sala, hay que reconocer que el tío sabe de vinos. Si elegís algún postre de chocolate pedidle que os ponga un Romesanta de 2007. Ah, y un consejo: llamad para reservar antes de ir, porque durante la semana sólo abren a mediodía. Nacieron en Daroca, viven en Daroca y se han empeñado en poner a su pueblo en el mapa de la mejor gastronomía. Y a fe que lo han conseguido con creces. Chapeau.

Venta Moncalvillo. Crtra. Medrano, 6. Daroca de Rioja. Telf.941444832. http://www.ventamoncalvillo.com/

2 thoughts on “Venta Moncalvillo, orgullo y pasión riojanas”

  1. Hola Juanma.Tuvimos la oportunidad de compartir mesa y experiencias ese dia (BMW recuerdas…?).
    La verdad es que es de los mejores, ¡y más honestos sitios! que he estado.
    Gran Blog, Juanma.
    Ya tienes un nuevo seguidor-

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