Los Huicholes y la magia de los sanadores místicos

Los Huicholes (wixaritaris) son la principal tribu indígena del Estado de Nayarit, en el Pacífico mexicano, con capital en Tepic.

Pero su historia, sus costumbres ancestrales, su forma de vida y sus chamanes siguen vigentes en pleno 2020.

Dichos chamanes, sanan las almas -y hasta cuerpos, dicen los más creyentes- tanto de personas de orígen humilde como de ricos y/o polìticos.

Los Huicholes son un pueblo pobre, que vive con muy poco y que sigue guardando tradicion ancestral que fue la simiente de este territorio.

Ya os advertimos que este es un viaje a México, pero no al México comercial y de lujo, que representa, por ejemplo, Punta Mita (y que puiblicaremos en breve), sino al otro país en el que vive la gente pobre y es feliz con lo que tiene, aunque a nosotros nos parezca que eso no es nada.

La casa de don Rutilio

En este viaje fascinante, conocimos algunas personas realmente valiosas e interesantes, y también pudimos ver que existen muchos méxicos distintos y desconocidos que nada tienen que ver ni con la violencia de Jalisco, ni con el turismo masivo de Cancún.

Creer o no

Antes de que sigais leyendo, tenemos que preguntaros algo, ¿creeis en el poder de los chamanes?

¿Creeis que existe la magia negra y la magia blanca? ¿Habéis conocido a alguien que, como un sanador místico, se dedique a salvar almas….y cuerpos?

Bueno, pues contesteis lo que contesteis, sabed que estais a punto de entrar en un mundo mágico, sobrenatural, místico y en el que hay mucha gente creyente.

Así que, leed bajito y con respeto, como si estuviérais en misa, porque el ritual para entender lo que os vamos a contar merece esta atención.

Nayarit

En este viaje al Estado de Nayarit, se nos metió en la cabeza conocer a los citados Huicholes.

El estado nayarita tiene una población total de 949.000 personas, pero, entre todas ellas hay unas 25.400 mujeres que pertenecen a los pueblos indígenas Wxaritari; Nayeri (21.800); Odham (3.300) y Náhuatl (1.500).

Esto no tendría nada de particular si no fuera porque hay un número, al menos igual, de hombres y muchos más niños, de manera que suponen un núcleo importante de la sociedad con su cultura y sus creencias.

Aparte, el Estado tiene cuatro regiones indígenas: los Huicholes, los Cora, los Mexicaneros y los Tepehuanos.

Los primeros, son los que nosotros fuimos buscando porque tienen unos profetas o chamanes sabios muy poderosos.

Las casas más pobres están en los barrios más altos

Maracamé

Les llaman Maracáme y son como los jefes máximos de la tribu. Ellos son los que hacen milagros y por eso muchas personas se agolpan en sus puertas para pedirles alivio.

Pero no sólo va a verles la gente humilde, sino también personajes famosos y muchos, muchos políticos mexicanos.

No hay personalidad que no tenga su propio “brujo-adivinador”, y lo decimos desde el mayor de los respetos y el cariño.

Los barrios más pobres están en lo más alto de la ciudad

La pobreza vive arriba

Para encontrarnos con los huicholes tuvimos que desplazarnos hasta Tepic, la capital del Estado, y una vez allí fuimos a la parte alta de la ciudad (donde vive la gente más pobre).

Calle de Tepic

Buscamos a los Huicholes por unos barrios destartalados: las calles sucias, las chabolas, pues eso, chamizos; y muchos niños caminando descalzos por entre toda esa miseria.

Ibamos buscando a Don Rutilio, un chamán bueno (magia blanca) de los que hacen ‘milagros’, pero no lo encontramos “en activo”.

Peticiones

Las peticiones que la gente hace a los chamanes son de lo mas variopinto: desde alviar enfermedades o evitar peligros, hasta triunfar en los negocios, evitar la mala suerte o ser afortunados en el amor.

El método por el que ejercen este poder se denomina “limpia”, que ya os podéis imaginar que tiene que ver con limpiar el interior (aunque los mas creyentes también piensan que sanan el cuerpo).

Pero no todos los chamanes son iguales.Dicen que los verdaderos sanadores místicos, aquéllos que tienen su magia en su fuerza interior no cobran por sus servicios; todo lo más aceptan presentes, pero nunca dinero.

Esto es así porque si piden dinero a cambio de sus intervenciones se cree que pueden ser castigados con la pérdida irremediable de sus poderes.

Sin embargo, los que hacen magia negra lo primero que piden es el parné, antes de empezar a hablar. 

No pudimos encontrar a Rutilio, como ya hemos señalado, pero en ésta búsqueda averiguamos algunas cosas de este pueblo tan fascinante.

Investigación

Para ello, y con la ayuda de una chica mexicana de Tepic, nos dirijímos al barrio donde los huicholes tienen sus tiendas de artesanía.

Los puestos de venta de artesanía, cerca de los sanadores, son habituales

Allí venden desde pulseras a cuadros que elaboran con una especie de bolitas de plástico que pegan en distintos soportes.

En muchos de los dibujos de pulseras y cuadros están los sueños provocados por el peyote, una droga alucinógena que hace entrar en trance a los huicholes que completan el rito de iniciación.

El poder del murieri

La actividad del maracáme huichol es hereditaria: el padre le enseña a uno de sus hijos los cantos que deben emplear en las distintas actividades de su profesión, y por supuesto el arte de curar enfermedades y contrarrestar la fuerza brujería y el “mal fario”.

La limpia se realiza con un murieri, una especie de plumero ritual que se confecciona con flechas y plumas de halcón o de águila.

Estas plumas se consideran sagradas por pertenecer a animales que también lo son.

Y supuestamente proporcionan al maracáme la capacidad mágica y sobrenatural de oir y ver todo lo que ocurre en la tierra o en el mundo de los muertos, y es precisamente con ellas con las que llevan a cabo sus ritos mágicos.

Fue en una de estas casas donde vendían artesanía huichol, donde una mujer que conocía bien a los indígenas nos explicó que los maracámes reciben la sabiduría de sus antepasados y también sus poderes curativos.

También nos explicó que sólo los murieri que tienen plumas de
águila son auténticos. (venden muchas falsificaciones).

Rito de iniciación

Para heredar el poder de sus padres, los aspirantes a maracáme marchan varios días por el desierto hasta Wirikuta, lugar de origen de sus antepasados, para recolectar el peyote.

Este peyote es un cáctus alucinógeno (una droga) que les permite aislarse del mundo real.

Representación artesana del peyote

Además, los huicholes de Jalisco y Nayarit realizan durante diferentes épocas del año peregrinaciones a las cuevas sagradas, algunas de las cuales se considera que nacieron los dioses.

Diosa Nacahué

La más venerada es la de la diosa Nacahué.

Antes de iniciar la peregrinación a Wirikuta, localizado en el Real del Catorce, San Luis Potosí, los diez o quince inciados que suelen ir, sobreviven cinco días a base de tortitas, tabaco y agua (casi ayuno completo).

Lo primero que toman después de este ayuno es la droga, así que la reacción es terrorífica.

A los que van por primera vez les vendan los ojos durante parte de la ceremonia.

El venado y el peyote

Una vez en Wirikuta, preparan ofrendas y cantan para que el venado (simbolizado por el peyote) sea feliz antes de morir y sea cazado. Cacería imaginaria, porque el peyote, como hemos dicho, es un cáctus.

Dicen que bajo sus efectos ven el bien y el mal, y también adquieren el poder que luego utilizaran con la gente a su vuelta a Nayarit, tras estar una semana de descanso.

Don Pancho

Ya comentamos que los chamanes hacen limpias. Y eso es lo que nosotros preguntabamos insistentementepor a la gente por la calle, ¿usted sabe donde hacen limpias por aquí cerca?.

Pero nadie respondía con exactitud. Así que, al final, íbamos buscando a un maracáme blanco y encontramos a uno negro.

Era Don Pancho. Cuando lo sacamos de la chabola nos arrepentimos de ello. El hombre tenía pinta de poseer mál talante y lo comprobamos enseguida.

Don Pancho buscando “el trance”

Para atendernos salió de un chamizo donde, aparentemente, descansaba sobre un colchón lleno de suciedad.

Los chamanes negros quieren los pesos por delante

A su lado, y en el suelo, una mujer mayor permanecía como ida entre gallinas, gatos y perros sarnosos.

Don Pancho nos dijo algo que no entendimos, pero le seguimos hacia una chabola de al lado.

Al entrar nos percatamos de que un cartel en la pared nos advertía del pago previo (en dinero) que debíamos hacer antes de la supuesta limpia.

Ruidos guturales

Don Pancho imponía. No sólo por la barriada a la que había que llegar para verlo, sino por su actitud.

Cuando entramos en la segunda chabola, se quedó contra la pared y ni nos miró. Actuaba como si no estuviéramos.

Sólo emitía uns ruidos guturales, supuestamente invocando a los dioses (creimos que era eso).

Inmóvil y aparentemente sordo a nuestras palabras, intentamos hacerle unas preguntas sin conseguir sacarle nada.

Al rato, entró en la choza otra persona que resultó ser su hijo, y nos dijo que su padre estaba en trance y que cuál era limpia que queríamos que nos hiciera.

Sin limpia

Entonces fue cuando le explicamos que no queríamos limpia, sino información…que éramos periodistas, y eso no le gustó mucho.

También señalamos que estábamos haciendo un reportaje sobre los Huicholes, pero se encogió de hombros con mala cara. Eso no era para ellos.

A don Pancho le hice algunas preguntas más, que el hijo traducía y a los que este contestaba con su emisión de ruidos.

Ni siquiera tocó el murieri y nosotros sentados en aquella choza, sentados en una cama con su colcha llena de roña, la verdad es que no teníamos muchas ganas de que nos limpiara nada.

Eso sí, sabíamos lo que me esperaba (nos lo sugirió el hijo): pagar y largarnos. Extendió su mano, pagamos y nos fuimos.

Entrada al Kaligüey

Kaligüey

No obstante, la aventura no había terminado. Nos propusimos fotografiar y entrar en un Kaligüey, una especie de Iglesia (aunque es una choza) de exorcismos.

Nos dijeron que tuviéramos cuidado al entrar porque era un lugar mágico y seguramente lleno de las malas vibraciones al haberse realizado el día anterior el exorcismo de alguien que estaba endemoniado.

Así que entramos con cierto reparo, la verdad. La “iglesia” estaba vacía y era bastante siniestra ciertamente.

Había un palo en el centro y una especie de crucifijo ante el cuál parecía que alguien hubiera hecho una ofrenda.

Una película de terror daba menos pánico, os lo aseguramos. Tocamos las cosas, los palos, pero con precaución, porque todo aquéllo dama mucha grima.

Interior del Kaligüey

No estamos seguros de que lo que sentimos al entrar fuera fruto de la sugestión. Pero estar allí nos resultaba incómodo.

Jamás lo olvidaremos.Había como mal rollo. No sabemos como explicarlo: el mal había estado allí y allí pasaba algo.

Sensaciones, olores, vibraciones, falta de oxígeno tal vez…Pasó lo que fuera, hicimos unas fotos, y nos fuimos lo antes posible.

Nosotros no les vimos, pero algunas personas que estaban en la calle esperando a Rutilio, nos dijeron que los Huicholes, a pesar de su pobreza, eran felices y que sus chamanes les curaban de verdad.

Algunos de estos chamanes, sin embargo, no viven nada mal. Alguno tiene más de una mujer a su cargo e incluso hay quien vive en Estados Unidos en lujosas casas, a pesar de que, como hemos dicho, no pueden cobrar por su trabajo.

Murieri

Antes de terminar esta parte del reportaje queremos contaros la fascinante historia del murieri, el “palo” que se utiliza para la limpieza y sanación.

El murieri es una especie de vara de madera, una flecha, forrada con telas y que lleva plumas de halcón y/o águila y sirve de “para sanar”.

Hay muy pocas piezas circulando que sean auténticas, pero si tienes la suerte de que alguien te regale uno (no se puede comprar, ni te lo pueden vender, porque pierde su poder) debes tener claras varias cosas.

Un murieri auténtico

Manual de uso

La primera de ellas tiene que ver con la distancia. Para ejercer el rito de la sanación, hay que pasar el murieri por encima de los cuerpos a sanar, pero sin tocarlos con las plumas.

La segunda cuestión importante es que el palo no lo puede tocar nadie salvo a quien se lo hayan “regalado” porque de lo contrario da mala suerte y hace que el báculo pierda su poder curativo.

Ya sabemos que en este caso, como en otros muchos, lo que os hemos contado conlleva un acto de fe; pero nosotros que les hemos conocido, creemos en los Huicholes; en su historia y en los conjuros de los maracames auténticos.

También tenemos fe en el murieri, porque cuando lo tienes entre tus manos, sientes su fuerza y su poder.

De hecho, quien conoce su historia, ya sea en un puesto aduanero, policia o de vigilancia de mercancías, da un paso atrás y no lo toca, cuando se lo muestras para verificar que no es un arma.

Asimismo, y para concluir, también pensamos que estas personas son sanadores místicos (el premio Nobel indú V.S. Naipul escribió una novela con este título que es altamente recomendable) porque quienes acuden a sus limpias creen en ellos como en si fueran dioses.

Así es México y así es el México profundo; ese que no sale en las guías; ese que desconfía de los extranjeros y tambien de los españoles que, según ellos, les conquistaron con espadas, aunque la realidad tuvo mas que ver con una pandemia de gripe y viruela.

Este el México que no sólo cree en la magia de sus kaligüeys y sus chamanes; sino que el destino no está en sus manos.

2 comentarios en «Los Huicholes y la magia de los sanadores místicos»

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