Tallin: un cuento de hadas en Estonia

En 2011 Tallín fue la capital cultural europea y desde enero de 2012 tiene como moneda oficial el euro.

Estos dos datos no son más que una muestra de las ganas que la capital de Estonia tenía en formar parte de Europa y alejarse lo más posible de Rusia.

De hecho, Rusia, cuando era la URRS “se inventó Helsinki” para quitarle protagonismo a Tallín.

Algo parecido hizo con Moscú en detrimento de San Petersburgo tal vez por su pasado zarista, en un juego de vendettas geopolíticas.

Un cuento de hadas

Situada en el golfo de Finlandia y a escasos 80 km. de Helsinki –de la que fue rival comercial–, la ciudad está como sacada de un cuento de hadas.

Con sus murallas y sus torretas medievales da la impresión de ser un escenario de cartón piedra, tan espectacular que parace una ciudad artificial.

Y en parte es así porque durante la Segunda Guerra Mundial fue severamente bombardeada por los alemanes y hubo de ser, en parte, reconstruida.

Qué ver

Ciudad vieja

Aunque la Tallín moderna es también bonita y cuenta con playas y lagos realmente bellos, lo que más destaca es la llamada ciudad vieja o ciudad medieval.

Allí se agolpan uno tras otro edificios e iglesias que reflejan el carácter de esta tierra, antiguo territorio ruso y ahora república independiente.

Pero a pesar de estar muy remozada y ser guarida de turistas (2,5 millones anuales), conserva una catedral del siglo XIII y las ruinas de una ciudadela de los siglos XIII a XVI.

En la oficina de información regalan unos planos buenísimos, así que no os vamos a cansar con los nombres estonios de las calles.

Raekoja Plats

Pero dejadnos que os comentemos que uno de los lugares emblemáticos que no debeis perderos es la plaza y el edificio del Ayuntamiento (Raekoja Plats).

En verano se puede subir a la torre, así que no hay que perderse las vistas que se otean desde allí.

En ella se organizan conciertos y espectáculos en verano y el precioso mercadillo de Navidad, en invierno.

Colina de Toompea

Antes o después de visitar esta plaza–hay una calle que conduce directamente a ella– hay que llegar hasta lo alto de la ciudad, a la colina de Toompea.

Allí se encuentra la catedral ortodoxa de Alexander Nevski construída en el año 1900, cuando Estonia formaba parte del imperio zarista ruso. Está dedicada al príncipe de Novgorod.

El edificio rosa

Justo al lado está el Parlamento de Estonia: un edificio de color rosa que comparte fachada con la torre Tall Herman.

Saliendo a la derecha de la catedral se desciende de nuevo hacia la plaza del ayuntamiento, pero girando a la izquierda se llega hasta otro de los lugares fascinantes.

Se trata de la catedral de Santa María la Virgen, la iglesia luterana más importante de Estonia y una de las 3 iglesias medievales que aún siguen en activo. Se cree que fue construída en el año 1219.

Más iglesias

Siguiendo con las iglesias hay que mencionar la de Holy Ghost, el único edificio del siglo XIV que conserva su forma original.

Construída en 1360, su campanario del año 1433 era el más antiguo de Estonia, hasta que en Mayo de 2002 sufrió un incendio.

Por su parte la iglesia de San Olav, fue la iglesia más alta de la Europa medieval (1267).

Su altura era de 159 metros, siendo la más alta del mundo, hasta que también se quemó y la reconstruyeron con su altura actual, 123 metros.

Para completar la visita os aconsejamos descender por la calle de la pierna corta hasta el ayuntamiento y de allí al pasaje de Catalina, hasta salir de la ciudad.

Más pistas

Lo que las guías no dicen

Hay dos miradores espectaculares y ambos están en la colina de Toompea.

El de la derecha que apunta al interior es decepcionante, sobre todo si has visto antes el de la izquierda que mira al puerto. Si le haces cien fotos seguidas estará justificado.

Tampoco olvideis pasaros por la fábrica de chocolates más conocida y antigua de Estonia: Kalev.

La tienda está cerca de la plaza del Ayuntamiento y ya se puede pagar en euros.

Así que echad un vistazo, y si os gusta el chocolate o quieres llevar para regalo, comprad. No os arrepentirás.

Lo que no te puedes perder

La torre defensiva de Kiek in de Kok –en su interior alberga un museo de varias plantas– .

Tampoco debeis olvidaros de la de Margarita la Gorda, llamada así debido a su gran diámetro y que alberga al museo marítimo de Estonia.

También es un delito no llegar hasta la puerta de Viru, que marcaba la entrada a la ciudad vieja.

Son dos torres que todavía se conservan y que fueron parte de una gran entrada a la ciudad construída en el siglo XIV.

Y si os queda tiempo y ganas, visitad el Rocca al Mare, un museo al aire libre.

Comer

Comer bien en Estonia no es sencillo para un español. Y es que, como en casi todo el norte de Europa, no hay mucha variedad.

Aún así, tienen algún plato típico como el Kohuke que es una especie de bollo relleno de cuajada y que toman como aperitivo.

También son típicas las carnes de cerdo y de pollo, y el Mulgipuder: una mezcla de puré de patatas y cebada.

Además casi no hay pan que no sea de centeno (este es de calidad) con el que puedes acompañar una Verivorst, que es básicamente un tipo de salchicha amorcillada.

Otro “manjar” típico es el Vastlakukkel: un panecillo relleno de crema batida, y, como no, el famoso arenque del Báltico que es como el pez nacional.

Restaurantes

Y si es difícil encontrar un plato ni os contamos lo que supone recomendar un restaurante.

Tal vez por esta falta de tradición culinaria, hay muchos locales asiáticos y hasta italianos (italianos al modo estonio, claro), pero no vamos a citar a ninguno.

Para nosotros el mejor es el Rataskaevu16. Ningún otro le llega ni a la suela de los zapatos, pero si quereis más opciones, otros que no están nada mal son Jahu Resto, Kolm Sibulat y Vega Nega.

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