Pompeya, bajo el volcán

Pompeya es uno de los lugares del sur de Italia que nadie debería perderse. Y es que, aunque aún quedan por excavarse numerosos rincones de esta ciudad milenaria sepultada bajo las cenizas del Vesubio, lo que hay al descubierto te dejará sin palabras.

Publicamos este reportaje a petición de algunos de nuestros lectores que van a visitar las ciudades y pueblos cercanos al golfo de Nápoles (Sorrento, Positano, Amalfi, Ravello…) y que nos han preguntado, expresamente, si Pompeya merece la pena.

Y la respuesta es que no solo merece la pena, sino que es imprescindible.

El Foro principal de la ciudad de Pompeya

Así que cuando vayas al sur de Italia saca tiempo de donde sea, porque verla y pasearla “como Dios manda” te llevará todo el día. Por eso te aconsejamos que no vayas a Pompeya con “la hora pegada” porque te arrepentirás.

Inmensa y conservada

Lo primero que llama la atención del recinto en el que está localizada la ciudad, cerca de Herculano, es que es un lugar sorprendentemente grande y lo bien conservados y restaurados que están los edificios que quedaron en pie tras la erupción del volcán allá por el año 79 de nuestra era.

Un lugar especial que, como hemos adverttido, requiere de cinco a seis horas para recorrerse con cierta soltura.

Hay muchos tipos de turismo y turistas, pero en el sur de Italia predomina el visitante nacional. Sin embargo, esta máxima se rompe en Nápoles y, sobre todo, en Pompeya donde el mestizaje de visitantes se hace más patente que nunca.

Interior de una de las viviendas

La razón es obvia: la fama de lugar emblemático, bien ganada, de este conjunto monumental de la Antigua Roma, que podría ser comparado con la Alhambra de Granada, en España.

Patrimonio de la Humanidad

Patrimonio de la Humanidad, y de lo que que uno quiera, lo cierto es que viendo las calzadas romanas que atraviesan esta ciudad, te das cuenta de la importancia del ‘salario’.

Una de las calles de Pompeya

Como seguramente sabéis, el “salario” era la parte del sueldo que los soldados recibían en forma de sal para que pudieran mezclarla con el agua e hidratarse tras las largas caminatas que recorrían con el material tan pesado que portaban.

En cuanto a la ciudad, no está claro cuando se creó, aunque la mayoría de los expertos piensan que pudo existir ya en el Siglo VII a. C. y estar ocupada por los oscos.

Detalle de una calzada romana en Pompeya

Civilizaciones superpuestas

Etruscos, griegos, romanos…por aquí pasaron distintas civilizaciones y no siempre con intenciones amistosas. Por ejemplo, en el año 89 a.C. Pompeya se rindió a Roma tras participar en la guerra que las ciudades de la región de la Campania emprendieron contra la capital del imperio.

Por otro lado, su historia está llena de derrumbamientos y reconstrucciones a causa, sobre todo,  de los terremotos, lo que no es raro encontrándose en una zona de alta sismicidad como en la que se encuentra, cercana al golfo de Nápoles.

Terremotos

Tanto es así, que en el año 62 un fuerte terremoto dañó seriamente Pompeya y otras ciudades cercanas, como si se barruntara lo que iba a suceder pocos años después cuando erupcionó el Vesubio. De hecho, parece que parte de la ciudad estaba restaurándose cuando llegó de nuevo la catástrofe, esta vez en forma de lava.

Los historiadores y antropólogos proponen que esta sucesión de hechos y la erupción del Vesubio no fueron repentinos, lo que explicaría que muchos habitantes de la ciudad pudieran ponerse a salvo antes de la letal erupción (aunque faltan por excavar lugares de la ciudad, solo se encontraron 2.000 cuerpos cuando se calcula habría unos 15.000 habitantes).

Una de las casas de Pompei (Pompeya)

Amor, protección…y terror

Así que los menos creyentes en la respuesta salvaje de la naturaleza, o más avaros (algunos quedaron abrazados a sus joyas), aguantaron el tipo y quedaron sepultados bajo las cenizas.

Pero si hay dos palabras que pueden unirse al efecto del terror que surgió ante la llegada de los ríos de lava y la lluvia de cenizas, esas fueron amor y protección.

Amor y protección que se manifiesta en las figuras actualmente expuestas al público en uno de los pabellones-museo y en las que se ve a los habitantes protegiendo a otras personas, o abrazados en la cama…como se aprecia en las reconstrucciones en yeso de los daminificados.

Esta idea de “reconstruir” las figuras calcinadas de los fallecidos surgió del arqueólogo Giuseppe Fiorelli quien en 1860 sugirió rellenar estas figuras con yeso, obteniendo así moldes que mostraban con gran precisión el último momento de la vida de estos ciudadanos.

El museo con los cuerpos, en yeso, de algunos ciudadanos y los restos abrazados

Ciudad escondida

Y es que, aunque parezca increible, Pompeya estuvo oculta bajo las cenizas durante muchos siglos, ya que no fue hasta el año 1748 cuando vio la luz. Dicen las crónicas que el primero en dar con la ciudad enterrada fue el arquitecto Fontana cuando en 1550 estaba excavando un nuevo curso para el río Sarno.

Hasta esa fecha, se asumía que Pompeya y Herculano (el pueblo que está justo al lado) se habían perdido para siempre. También se dice que el tal Fontana era un poco mojigato y que inicialmente encontró algunos frescos eróticos -en Pompeya había distintos lupanares- y escandalizado volvió a enterrarlos de forma que no se volvió a las excavaciones hasta un siglo y medio después.

El hecho que demostraría tal actitud parte del trabajo de los arqueólogos que se ocuparon de las excavaciones, ya que encontraron lugares que habían sido desenterrados y vueltos a tapar.

La casa numero 8 con sus pinturas “eróticas”

Aportación española

Sea como fuere, en su descubrimiento también tuvieron que ver los mucho los españoles, ya que fue el Rey Carlos III (Carlos VII de Nápoles) quien encargó al ingeniero aragonés Roque Joaquín de Alcubierre que buscara sus ‘tesoros’ entre 1759 y 1788; tesoros que ahora se reparten entre museos de Madrid, Roma y Nápoles.

Cómo llegar y precio

Si vas en coche de alquiler, la llegada a Pompeya y la salida de alli requiere los tres euros pertinentes que se pagan para entrar a la autoestrada A3. El camino está -por una vez- bien indicado y te lleva hasta las afueras de la anodina Pompeya moderna.

El precio de la entrada al sitio arqueológico es de 15 euros, que sube a 19 € si quieres entrar sin esperar la cola o a 36€ si deseas guía en español. Los menores de edad no pagan y de 18 a 25 años tienes entrada a precio reducido. En todo caso, te aconsejamos que mires bien “on line” porque los precios varían según la agencia que los vende con distintos packs.

Cerca de las ruínas hay aparcamientos para el coche (de pago, claro). Un truco italiano-español es dejar ‘la máquina’ (coche, en italiano) en el párking de algún centro comercial cercano que nosotros descubrimos por casualidad al ir a comprar agua. Es al aire libre y gratis. Casi nada.

Escultura de el fauno

Guía para recorrerla

El recorrido oficial, tras atravesar la entrada, te lleva hasta un patio de columnas de un templo que antecede al teatro pequeño. Desde ahí ya puedes caminar por donde quieras y en el sentido que quieras teniendo en cuenta que Pompeya es muy grande y que cada casa y palacio merecen ser visitados con detalle. 

Entre los edificios que no debes perderte están el citado pequeño teatro y el
templo de Júpiter al lado de la plaza del Foro. Este templo está justo al lado del gran teatro donde un espontáneo e incluso nosotros mismos nos atrevimos a cantar “a capela” el Torna a Surriento y el O sole mio, como improvisados Pavarottis, lo que añadió aún más emoción, si cabe, a lo que ya estábamos viviendo.

El Teatro grande de Pompeya tiene una acústica excepcional

¿Y por qué cantar a Sorrento ? Pues porque, de alguna manera, es el “puerto de mar de Pompeya” y es la ciudad en la que, aparte de servir un grandioso limoncello y helados, pasó Pavarotti sus veranos infantiles en casa de su abuela.

Hemos de decir, que nuestra ‘actuación’ mereció los aplausos del
respetable que en esos instantes estaba sentada para contemplar el monumento y su acústica, y que incluso pidieron un bis al que naturalmente no accedimos para no abusar de nuestra “suerte” artística.

Pero te aconsejamos que bajes al centro del teatro y que invoques tus dotes líricas para que compuebes como suena tu voz sin micrófono alguno. Pura magia

Anfiteatro de la ciudad de Pompeya

Otras lugares que ver

Aparte del teatro, otros lugares que no debes perderte son la basílica, los baños, el mercado, el templo de Venus, los lupanares, los gastrobares, las termas, la palestra (gimnasio), anfiteatro…no os vamos a aburrir con los detalles de cada lugar, pero sí queremos destacar la casa del Fauno, una de las más lujosas de la ciudad (en el plano está en la vía de la Fortuna) y ocupa toda una manzana de la región VI.

En la entrada figura la palabra HAVE, que los “espabilaos” en anglicismos identifican como tener, del inglés ‘to have’, cuando en realidad es una forma escrita vulgarizada del famoso AVE (ave César…) o Bienvenido.

Casa del fauno, en Pompeya

Tambien son interesantes la casa de Amaranto, la Villa de los Misterios y la del poeta Trágico, entre otras.

Como hemos dicho, las entradas para Pompeya también se pueden comprar vía internet, lo que te será de gran utilidad para no aguantar mucha cola en días y horas de máxima afluencia, pero también tiene una pega y es que si quieres cambiar el día de la excursión una vez que estés en Nápoles, no podrás devolver la entrada y tampoco te reintegran el importe.

Palestra, gimnasio, baños y sauna

También advertir que dentro de las excavaciones hay un restaurante (está cerca del foro) para tomar algo rápido y esta es la mejor opción si queréis aprovechar bien el tiempo que luego, una vez ‘metidos en harina, corre que se las pela.

Dónde comer por la zona. Restaurantes

Aparte de las Pizzas de Nápoles, que aquí tienen su razón de ser, hay dos productos básicos de la región: los tomates de salerno y los limones de Sorrento

Ristorante Al Convento, en Cetara

Nápoles es la capital más poblada del sur de Italia

La costa Amalfitana, con Positano, Amalfi y Ravello

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