Peñafiel: guardián del Duero

Este bonito pueblo de Valladolid es un escenario medieval al aire libre
Si os decimos Peñafiel, ¿en qué pensais? En vino,
naturalmente, y en su castillo. Porque este bellísimo pueblo vallisoletano es
cuna de la famosa denominación de orígen Ribera del Duero que, por cierto, cedió la
bodega Protos hace unas cuantas décadas. Una bodega que es santo y seña del
pueblo –hay una cueva/cava de más de 2 kilometros que atraviesa los bajos del
Castillo-, pero no la única que ha recalado aquí para elaborar esta variedad
que, junto a Rioja, acoge algunos de los mejores vinos de España.

De hecho, en las tierras y términos municipales
cercanos a Peñafiel existen otras famosas bodegas desde Matarromera a Pesquera,
pasando por Arzuaga. ¿La uva? La tinta del país, más conocida como tempranillo,
que sirve para elaborar jóvenes, crianzas y reservas de gran nivel y
reconocimientos.

La propia bodega Protos, que trasiega nada menos que
cinco millones de kilos de uva al año en sus diferentes ubicaciones de Rueda
(vino verdejo); Peñafiel (vino de autor, Grajo viejo) y La Seca (casi la mitad
de toda la producción), no para de innovar y buscar nuevos aromas y sabores
para sus vinos.

Pero Peñafiel tiene mucho más que vino y, claro,
lechazo. Sobre todo, si tenemos en cuenta que este manjar (preferentemente al modo tradicional, en su horno y elegís bien el restaurante) es tan
sabroso como suculento. 
Un lechazo que hasta final de este mes cuenta con una especie de promoción
(las III jornadas del lechazo) en la que una serie de restaurantes ofrecen un
menú completo –tomando como base el cordero- por 32 euros. ¿Caro? ¿Barato?
Depende de donde lo tomeis, por eso insistimos en que penséis bien en qué
restaurante ‘apalancan sus posaderas vuesas mercedes’, porque, dependiendo de donde lo hagais, os parecerá que os han timado o saldreis plenamente satisfechos. Pero, vamos, que tampoco hay que angustiarse por fechas, porque en Peñafiel se puede tomar lechazo casi todo el año y por poca diferencia de precio.

El caso es visitar este precioso pueblo y su castillo,
su museo del vino, la Plaza del Coso…todo espectacular. Es como
hacer un viaje en el tiempo por los siglos X a XV sin despeinarse. Si el día es
bueno y no hay niebla, las vistas desde su majestuosa fortaleza medieval son
impresionantes.

El castillo defendía el Duero

El castillo de Peñafiel comenzó a levantarse en el
siglo X, aunque su aspecto actual es producto de las importantes intervenciones
que tuvieron lugar durante los siglos XIV y XV. 
Esta fortaleza medieval fue
declarada Monumento Nacional en 1917 y en la actualidad se ha convertido en
todo un emblema para el enoturismo de la Ribera del Duero. 
La villa constituyó, junto con el castillo, un punto fundamental en la línea
defensiva del Duero, tanto para cristianos como para musulmanes allá por los
siglos IX y X. Desde el cerro, la fortaleza dominaba los valles de los ríos
Duero, Duratón y Botijas, y protegía a la población.

En cuanto a la plaza del Coso (desde ella y con el
castillo al fondo, sobre la colina, es donde se hacen mejores fotos) es un
recinto que data de la época medieval y que sigue albergando festejos taurinos
ahora, en pleno siglo XXI. 
También hay una oficina de información turística
donde se puede disfrutar con un video ‘chulo’ sobre las actividades turísticas y
fiestas de la villa (para hacerse una idea mejor, claro). Cosovisión, lo llaman.

Plaza del Coso

El visitante objetivo de Peñafiel es el madrileño o el turista que viene de Madrid. Por eso no es extraño que los fines de semana se
llene de madrileños de cuna o adoptados que recorren sus calles, restaurantes,
bodegas, tiendas y monumentos a la búsqueda de esa especie de museo al aire
libre en que se convierte el pueblo.

Interior del castillo

Otros lugares de visita son, aparte del museo
provincial del vino que está dentro del Castillo, el Museo de Arte Sacro, el
Aula de Arqueología y la Casa de la Ribera.


 MAS PISTAS
LO QUE LAS GUIAS NO DICEN
Actualmente, el Ayuntamiento
de Peñafiel lo es también de Aldeayuso -la antigua Molpeceres de Yuso; Mélida
-localidad de casas de adobe cubriendo una colina en lo alto de la cual, destaca
la Iglesia de San Cristóbal y Padilla de Duero donde se localiza la zona arqueológica
de Pintia del S. IV-I a.C, a la que se puede acceder de forma gratuita con la
pulsera Ribera Friendly, que proporciona entrada gratis a algunos monumentos y descuento en otros lugares de interés, además de algunos restaurantes. Cuesta 5 euros y sirve para todo el año.

 LO QUE NO TE PUEDES PERDER

No te puedes perder el castillo y, por supuesto, ya que estás allí, el museo Provincial del Vino que instalado en 1.999 recibe
una media de 100.000 visitas al año, unos números que han convertido a esta
fortaleza en ‘lugar de peregrinación’ para los amantes del turismo cultural y
del enoturismo, aunque tampoco te crees muchas expectativas porque el museo no es para ‘tirar cohetes’.

COMER Y DORMIR

Convento de las claras

En Peñafiel, la elección es, sin duda, el Hotel Convento de las Claras. Impresionante por dentro y por fuera, cuenta con una cocina más que aceptable. Habitaciones y salas espaciosas para un lugar de ensueño, con un patio y una cúpula para ver las estrellas, aunque no sean Michelin. Además, y a no muchos kilómetros de allí, otro de los lugares preferentes es el Hotel Spa Arzuaga: una maravilla para relajarse a la vista de los viñedos y con un vino siempre de garantías. Como tampoco falla, en cuestión de vino y alojamiento, el Pesquera y también, a dos kilómetros de Peñafiel, el hotel boutique propiedad de esta bodega.
En cuanto a comer, el mejor restaurante es, sin duda, el  Molino de Palacios y el Cepa 21, con los demás, no me mojo. Tal vez Alabrasa y el restaurante La Espadaña (de la bodega Matarromera), en Valbuena de Duero.

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